Juan Gaguini junto a su esposa vinieron a San Luis en busca de paz y un nuevo hogar. En Buenos Aires, su lugar natal, sufrieron una tragedia que los marcó de por vida. Compraron un terreno sobre la ruta Nº5 y empezaron a construir una casa. Fueron de los primeros habitantes en el barrio Estación Conlara que tiene 900 loteos, y que está dentro del ejido de Santa Rosa.
Gaguini fue propietario de taxis y conductor hasta que se jubiló. Su esposa, Mónica Dauga, sufrió la pérdida de un hijo en un robo. Cuando los delincuentes quisieron entrar a su casa y se resistió, le dieron dos balazos. Actualmente ella tiene 67 años y muchas dificultades de salud. Él va a cumplir 69.
Mónica se hizo cargo de su mamá en 2015. Blanca Provenza tenía demencia senil, y siempre fue ama de casa. Tuvo otras 3 hijas con las que no tenía contacto. En 2020, él y ella quedaron varados en San Luis, en plena pandemia del coronavirus. Estaban acá porque habían comenzado la construcción. Cuando pudieron regresar a Buenos Aires se trajeron a la abuelita. De eso ya se cumplieron 5 años.
La salud de Blanca solo se fue deteriorando hasta quedar postrada. El 4 de abril de 2024 se apagó su vida cerca de los 90 años. Mónica y Jorge sabían que no tenían un millón de pesos para cremarla y decidieron enterrarla en el patio.
Los dos tienen la jubilación mínima, pero no llegaban a cobrarla completa porque habían sacado todos los préstamos que pudieron para terminar la edificación. Para él, fue un pensamiento en medio de la desesperación “de no saber qué hacer”.
Pero a la vez son conscientes de que durante un año estuvieron cobrando la pensión de una persona muerta, y que eso es un delito. Eso les permitió sobrevivir. “Asumiremos la responsabilidad. Mi error fue no pedir ayuda. Son situaciones límites, donde quizás uno no está preparado y por eso se resolvió de esa manera”, transmitió Jorge.
La olla se destapó el mes pasado cuando él fue hasta la médica cabecera de la suegra y le confesó lo que había pasado. Quería tramitar un certificado de defunción, porque si lograban vender la casa no querían dejarle este problemas a los nuevos dueños.
Poco después la Justicia se enteró, por una denuncia, y empezó a investigar. Justo cuando se cumplía un año del entierro, el pasado viernes 4 de abril, la Policía allanó la vivienda. No tuvieron dificultades los efectivos, porque el dueño de casa los guió hasta el lugar y ahí se quedó hasta que la sacaron. Convencido dijo en su declaración que la mujer murió de manera natural, y que la cuidó hasta el último día. Sabía que el cuerpo “iba a hablar”.
Este lunes se confirmó el resultado de la autopsia: “No se encontraron indicios ni causas directas de muerte violenta evaluables al momento del examen, por lo que se consideran causas compatibles con un origen natural”.
“Veníamos muy saturados por la situación económica, somos dos jubilados que después de 50 años de lucha, nos cuesta mantenernos. Nadie sabe que hemos comido un plato de sopa con pimienta”, transmitió Jorge.
El estado de salud de Blanca era muy crítico. “La enfermedad cada vez se fue agudizando más, pasó a andador, después a silla de ruedas, y de ahí pasó a no levantarse más, con todo lo que eso lleva, higienizarla, bañarla. Los últimos días había dejado de comer, yo la sentaba le dábamos la sopa, hasta que ya no abría más la boca, se entregó, como que se quería ir y se apagó. Dijo basta. Una cosa es que te lo cuente, y otra cosa es vivirlo. La médica de cabecera tiene toda la historia clínica, en Santa Rosa”, relató.
El entierro
Contó que tenía el proyecto de hacer un departamento para alquilar. Que ya había un pozo en el terreno: el lugar donde iba a colocar el biodigestor. Eso lo convirtió en la tumba, en círculo, hacia abajo. Nadie lo ayudó para cavar y hacerlo más profundo, es decir llegó a 1 metros y medio. Tiene un metro de diámetro.
Sostuvo que tomó la doctrina musulmana para preparar el cadáver. “Tienen la particularidad para enterrar a los muertos, que el cuerpo no debe tocar la tierra, me había interiorizado por la televisión”, comenzó diciendo. Hizo una especie de caja con durlock y preparó al fondo una cama. “Al cuerpo lo momifican, y yo hice eso. La acomodé en posición fetal, le coloqué una almohada y la cubrí con el durlock”, agregó.
Cuando los policías la sacaron estaba como él la había dejado “toda envuelta”. “Cuando la saqué de la rodante la envolví con la misma sábana donde estaba acostada, le pongo unos hilos para que no se abra, y arriba de eso le tiro la manta que era su preferida. Estaba exactamente así”, aseguró.
“Estoy muy tranquilo, el cuerpo va a hablar. Estuve hasta que la sacaron porque quería ver cómo la trataban, y la trataron muy bien, y a nosotros también. La historia real es la que te estoy contando”, sostuvo en relación al personal de Homicidios que tuvo que desenterrar a la mujer.
Los días pasan como una pesadilla, porque no saben lo que se vendrá, y una posibilidad puede ser enfrentar a la Justicia Federal si se comprueba que durante un año cobraron efectivamente el dinero de la mujer fallecida, ya que se trataría de una defraudación contra el Estado. La investigación por ahora la lleva adelante el fiscal de Instrucción Nº 1 de la Tercera Circunscripción Judicial, César Hugo Salazar Molina.
Todavía no les habían entregado el cuerpo de Blanca. Cuando llegue ese momento van a necesitar que alguien los ayude con los gastos del sepelio, porque dinero no tienen, y por eso pusieron en venta la rodante y la casa.
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