Con una voz característica e inconfundible se solía escuchar en las calles del centro de San Luis el grito de “Vendo barato, vendo”. Quien lo oía sabía que se trataba de Héctor Ramón Villegas D´Amico más conocido popularmente como “El Cholo”. Así lo llamaban quienes solían compartir diálogos a la pasada con él en las calles. Desde hace años, por cuestiones de su edad ya no se lo veía deambulando y finalmente hoy se confirmó su fallecimiento. Según se conoció murió a causa de un ACV hemorrágico, sus restos fueron velados este martes y hoy a las 11 sepultados en el Cementerio del Rosario.
A cada vecino de San Luis le quedará el recuerdo de aquellas historias que a quienes le prestaban oído les contaba. Él decía que los relatos se trataban de “los muertos vivos”, tal como calificaba a los personajes que mencionaba.
“El Cholo” solía ubicarse en diferentes cuadras el microcentro. Vendía chucherías como lápices, elemento que siempre estaba al paso y que “salía” fácilmente. Lo vendía dado que para esas épocas la dama o el caballero acostumbraba a llevar uno entre sus pertenencias para tomar nota cuando fuera necesario. Pues la tecnología no tenía tanta presencia y la gente continuaba con lo tradicional.
Siempre solía soltar carcajadas, a veces lo hacía para asustar a algún distraído que pasaba sin advertir su presencia. Una sola risotada fuerte bastaba para hacerlo saltar del susto y desencajar una anécdota que terminaba con todos riendo.
Le encantaban los niños, era amable y respetuoso. Su casa estaba ubicada en Tomás Jofré entre Mitre y Chacabuco allí vivía y estaba al cuidado de una familia amiga que se encargó de acompañarlo y asistirlo desde hace unos cuatro años.
Si hay algo que “El Cholo” dejó en claro fueron sus amores: River y el Club Sportivo Estudiantes de San Luis. También siempre aclaraba que era católico, es más, siempre se lo solía ver en algunas ocasiones rezando en la iglesia Catedral.
Sus últimos días
Ian Von Fehleisen, contó que junto a su madre estaba encargado de los cuidados de “El Cholo” y que vivían junto a él en su domicilio. “Nos encargábamos de sus comidas, de sacarlo de paseo y de llevarlo a la peluquería”, recordó.
Dijo que “El Cholo” nunca tuvo hijos y que solo tenían contacto con un sobrino de él, quien era su curador legal. Contó que el viernes 31 de octubre el hombre cumplió sus 81 años y que lo celebraron comiendo torta. Luego, dos días después, la mañana del 2 de noviembre escucharon que “se quejaba” en su cama.
Cuando fueron a asistirlo, notaron que se movía, pero que no despertaba; llamaron a la ambulancia y fue trasladado al sanatorio “Ramos Mejía”, donde determinaron que había sufrido un ACV. “El médico nos dijo que había dos opciones: realizarle traqueotomía e iba a permanecer en estado vegetativo o nos dijo que podíamos acudir a la Ley de muerte digna”, recordó Von Fehleisen. Aseguró que fue el sobrino de “El Cholo” quien determinó optar por la segunda opción para evitar que su padecimiento se prolongara en el tiempo.
“Ley de muerte digna”
La “ley de muerte digna” en Argentina, específicamente la Ley 26.742 de 2012, permite a los pacientes con enfermedades terminales o irreversibles rechazar tratamientos médicos, incluyendo la hidratación y alimentación artificiales, que prolonguen artificialmente su vida. No contempla la eutanasia activa, es decir, no autoriza a solicitar asistencia para morir, sino que se centra en el derecho a retirar tratamientos desproporcionados o que generen sufrimiento innecesario. La ley se inspira en la necesidad de proteger la dignidad de la persona en sus últimos momentos.
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