Claudio llevaba dos días internado en el Hospital de Concarán, estaba siendo medicado. Además de estar conectado a un tubo de oxígeno, pero no mejoraba. Llegó a un punto en dónde le dijeron que debía ser trasladado a terapia intensiva. En ese momento, según detalló, sentía bastante dolor en su espalda, como una sensación de quemazón.
En un momento, cuando estaba acostado en la sala donde se encontraba aislado, notó como la luz del lugar se volvía tenue, posteriormente escuchó pasos y vio cómo apareció el Cura Brochero. Dijo que lo vio claramente, se veía grande, cansado y con arrugas. Tenía una campera azul y el cuello levantado de la campera, como abrigado, luego, Claudio sintió su respiración cerca de la cara, notó que se arrodilló a su lado y le puso las dos manos en el pecho. Claudio se quedó inmóvil y sintió cómo se le pasaba el dolor de espalda, luego lo vió alejarse y escuchó claramente el sonido de él subiendo a su mula, llamada “mala cara”. Según Claudio, todo se veía y escuchaba claramente. Además, todo este tiempo él tenía en su mano una medalla de la Virgen del Milagro.
Cuando el Cura Brochero se fue, empezó a volver la luz de a poco, Claudio sintió un alivio en su espalda y se pudo mover, detalló. Lo primero que hizo fué contárselo a su esposa, luego les contó su experiencia a otras pocas personas más.
Él se mejoró rápidamente y le dieron el alta, además, al momento de salir del hospital, seguía teniendo la medalla en su mano.
Aún así, Claudio seguía teniendo algunas secuelas del COVID, por ejemplo, le costaba respirar, así que quiso ir de nuevo con el objetivo de que el Cura Brochero termine de sanarlo. Fue con su esposa y sus hijos. Al llegar, pudo notar que las personas que se cruzaban o miraban, llevaban un llavero o algún otro objeto que tenía la imagen del Cura Brochero.
Pasando 15 días desde que le dieron el alta, fue de nuevo al hospital de Concarán para que le hagan un chequeo, puntualmente unos rayos X en sus pulmones. Al recibir los resultados, le dijeron que no presentaba ninguna secuela de su neumonía bilateral severa.
Ante la sorpresa, le mostraron las imágenes de sus pulmones que se encontraban completamente sanos, el médico le explicó que si hubiera tenido neumonía severa, debería tener unas manchas blancas como secuela, era tal la duda que el profesional tuvo que verificar el historial clínico para terminar confirmando que el paciente entró con una neumonía bilateral severa y salió sin secuelas.
Pasado un tiempo, convocaron a Claudio a Córdoba, para realizar una prueba física, ya que él es árbitro de fútbol. Pudo completar la prueba con éxito, mientras corría diez vueltas a una pista de atletismo, decía: “Brochero guía mis pasos y dame fuerzas”.
Desde ese día, Claudio va todos los meses a ver al Cura Brochero, asegura que ir allá “lo carga” de una buena energía, también dice que le pasan cosas buenas a él y a su familia.

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Por otro lado explicó se ha hecho más estudios, y todos dieron resultados positivos.
Habló de lo que siente y dijo: “Yo creo que el Curita quiere que yo lo ayude a que más gente lo conozca, y sé que va a ayudar a más gente, tiene una fuerza increíble” y agregó: “Yo nunca fui devoto, fue él el que me vino a buscar a mí”.
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