Un disparo certero, realizado con un fusil Remington 30-06, puso fin a la vida del boxeador argentino. 

Oscar Natalio Bonavena soñaba con ser campeón mundial de boxeo y retirarse a los 50 años con un sueldo millonario. Ringo no pudo culminar sus proyectos, ya que el 22 de mayo de 1976, a la edad de 33 años, fue hallado muerto frente un burdel de Nevada, Estados Unidos. 

Por ese entonces, Bonavena ya había dejado atrás su etapa más destacada como boxeador. Su recordadísima derrota frente a Muhamad Ali en el Madison Square Garden de Nueva York, sus duelos con otros campeones como Joe Frazier, Floyd Patterson y Jimmy Ellis, su rivalidad con Gregorio Goyo Peralta y sus noches de gloria en el Luna Park quedaban lejos. Sin embargo, se encontraba en EEUU, donde se preparaba para relanzar su carrera en lo más alto. 

Allí, Ringo había entablado un vínculo con Joe Conforte, un hombre fuerte en Reno, propietario del lupanar ubicado en frente a la escena del crimen, cuyo nombre quedó asociado a la muerte de Ringo mucho más que el del encargado de jalar el gatillo del Remington, Willard Ross Brymer.

Giuseppe Conforte había nacido el 10 de diciembre de 1926 en Augusta, una pequeña ciudad de la costa siciliana, y había llegado a Estados Unidos con sus padres en 1937.

Comenzó a trabajar de taxista en la ciudad de Oakland, donde, al transportar pasajeros de la zona de prostíbulos, comprendió un negocio que decidió explotar.

Inició en 1955 con dos tráileres estacionados en el norte de Nevada (que incendió deliberadamente en 1960 antes de una inspección judicial) y terminó construyendo un emporio cuyo emblema era el Mustang Ranch.

Bonavena y Conforte se habían conocido en enero de 1976, cuando el ex campeón argentino había viajado a Estados Unidos con la idea casi obsesiva de conseguir una revancha con Ali, el gran campeón de la Asociación Mundial de Boxeo y del Consejo Mundial de Boxeo. Conocedor del pasado y del carisma de Ringo, el empresario le propuso un contrato que proyectaba llegar a ese objetivo.

Sin embargo, las cosas no funcionaron bien. Una deslucida victoria por puntos ante el veterano estadounidense Billy Joiner en el Centennial Coliseum de Reno, por la que Bonavena percibió 3.000 dólares, fue el único combate que gestionó Conforte. Luego se frustraron enfrentamientos con Ken Norton, número uno en el ranking mundial, y con el español José Manuel Urtain. Se rumoreó que el empresario pretendía que su pupilo se dejara perder para obtener un rédito en el circuito de apuestas. Muy pronto, el vínculo entre ambos se deterioró.

Tras un mes de su llegada al país norteamericano, Ringo se había quedado sin dinero, sin lugar donde quedarse y sin un rumbo claro. Por ello, el 19 de febrero, decidió casarse en el registro civil del condado de Washoe con Cheryl Ann Rebideaux, una trabajadora del Mustang Ranch, con el objetivo de obtener la documentación legal para residir y trabajar en Estados Unidos. Pero el matrimonio había sido anulado diez días después por pedido de la mujer, debido a que Bonavena estaba casado con Dora Raffa, de quien se había separado, pero no divorciado legalmente.

No eran esos los únicos problemas con los que convivía. Era un secreto a voces que mantenía una relación sentimental con Sally Conforte (quien lo doblaba en edad) y en Nevada corría el rumor de que pretendía quedarse con el Mustang Ranch. Esto provocó la ira de Joe.

Seis días antes, el boxeador denunció que su casa rodante donde vivía, la cual había sido comprada por Sally por 12.500 dólares y estaba estacionada en las afueras del Ranch, fue incendiada intencionalmente.

Como consecuencia del incidente, había perdido sus pocas pertenencias y su documentación. Aparentemente no era la primera intimidación: unos días antes, Conforte le habría apuntado a la cabeza con una pistola dentro del burdel y le habría ordenado que abandonara Nevada.

El jueves 20 de mayo, Ringo viajó junto a Sally a San Francisco para gestionar en el Consulado argentino un nuevo pasaporte con el plan de regresar a Buenos Aires. Completada la gestión, la mujer volvió en avión a Reno tras comunicarse con la Policía del condado de Storey, que tenía jurisdicción en la zona del Mustang Ranch, para denunciar amenazas (presumiblemente de su esposo) y pedir protección. Por su parte, Bonavena regresó manejando el Corvette de la mujer.

El cuerpo fue repatriado y llegó el viernes 28 a la noche, para ser velado el sábado 29 en el Luna Park. A su despedida, asistieron miles de personas, que hicieron hasta 30 cuadras de fila para ingresar, entre ellas los campeones mundiales Carlos Monzón y Víctor Emilio Galíndez; los futbolistas Miguel Brindisi, Héctor Veira, Héctor Scotta y Alberto Rendo; el golfista Roberto De Vicenzo; el cantante Edmundo Rivero y el exdictador Alejandro Agustín Lanusse. Hubo algunos incidentes en las afueras del estadio y la Policía no tuvo demasiados reparos en reprimir y detener a 70 personas.

Desde el Luna, los restos fueron acompañados por una caravana de casi 100.000 personas, hasta el cementerio de la Chacarita.

La investigación del homicidio transcurrió veloz y con una orientación clara. Pese a que había indicios de que el responsable de las amenazas al boxeador había sido Conforte, desde un primer momento la pesquisa se centró exclusivamente en el hecho ocurrido en la entrada del Mustang Ranch y en la figura de Brymer, quien inicialmente fue señalado como responsable de haber matado a Bonavena de forma “premeditada, intencionada y criminal”.

En el juicio que comenzó un mes y medio después en la Corte de Virginia City, Brymer, que había pasado seis años preso por violación, robo y tráfico de drogas, negó primero haber sido el autor del disparo que terminó con la vida de Bonavena. Pero luego cambió su declaración y alegó que se había sentido intimidado por Ringo y que su rifle se había accionado accidentalmente cuando lo estaba levantando para efectuar un disparo al aire.

Desde la defensa, se justificó en una disminución visual en el ojo derecho del acusado, que impediría un disparo certero intencional.

El juez Stanley Gregory atendió los argumentos de la defensa y consideró que se había tratado de un homicidio voluntario, una figura que la ley penal federal estadounidense contempla para casos en que se produce un asesinato no premeditado en una situación de pelea o bajo estado de emoción violenta.

“Estoy convencido de que con su falta de entrenamiento y su disminución física no pudo de ninguna manera haber apuntado ese tiro deliberadamente. A menos que esa persona tenga una habilidad con el rifle a la altura de los mejores tiradores del país, realmente era un tiro imposible”, justificó Gregory, quien condenó a Brymer a una pena de apenas dos años. Condena que fue reducida a sólo 14 meses. En marzo de 1982, fue condenado nuevamente, pero esta vez a cadena perpetua, por su reincidencia en el comercio de estupefacientes.

Tuvo un último ingreso a la cárcel, esta vez por un año, en 1995 y murió en julio de 2000, a los 55 años.

Joe Conforte salió impune del caso. Pero eso no evitó que tenga otros roces con la ley. En 1980, se fugó a Brasil cuando se enfrentaba a una posible pena de cinco años de prisión por evasión impositiva. Tras llegar a un acuerdo, que implicó que testificara contra el juez del distrito de Nevada Harry Claiborne por un supuesto intento de soborno (el magistrado terminó siendo destituido tras un juicio político), pudo volver a Estados Unidos tres años después.

En 1990, perdió el Mustang Ranch, que fue subastado por el Servicio de Impuestos Internos para cubrir una parte de sus deudas. No terminó allí su derrotero, ya que unos meses después, ante otra posibilidad de dar con sus huesos en la cárcel por defraudaciones, regresó a Brasil y allí se quedó. A mediados del año pasado se rumoreó que había muerto, pero el hecho no fue confirmado.

Fuente: Clarín. –

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