Después de dos años, el Tomba volvía a jugar en La Bombonera con dos consignas: marcar un gol después de 5 años y dar el batacazo. Y el planteo que diseño Mauricio Larriera fue congruente con la meta que se había propuesto. De hecho, cuando Leonel Galeano le puso la cabeza al centro de Abecasis e infló la red del arco de Rossi, muchos se acordaron del 4-1 de 2011.
Sin embargo, este Boca está lejos de aquel incipiente y en formación de Julio Falcioni. La jerarquía del Xeneize fue demasiado para un audaz Godoy Cruz. El Expreso es un equipo que juega, que intenta ir siempre a buscar los partidos pero que, a la vez, deja jugar. Y esa forma de plantear la contienda la que terminó favoreciendo a Boca.
Aún en desventaja, el Xeneize no se desesperó. Confió en su funcionamiento aceitado y, en un abrir y cerrar de ojos lo ganaba 2-1 por dos estocadas de Pablo Pérez, la gran figura de la tarde.
El Tomba tuvo la capacidad de encontrar los caminos para lastimar a Boca. De hecho, cuando el partido estaba 1-1, Rossi le tapó el gol a Correa y el Morro se lo devoró en el rebote. El peor pecado de Godoy Cruz fueron sus distracciones en la marca ante un adversario que no te perdona nunca y que le sobra categoría en su plantel para afrontar solamente la competencia local. El Tomba no negoció las formas y cayó con las botas puestas.
