El equipo de Holan , que comprobó en Venezuela la dureza de una competición que no admite errores, lleva un tiempo largo dando muestras de ser un buen alumno, incluso de ser capaz de mejorar sobre la marcha e ir superando sus propios fallos.
Si no es eficaz la presión alta para recuperar la pelota sus hombres aprietan los dientes para retroceder y tapar huecos. Si se equivocan en el primer pase Domingo o el Torito Rodríguez, vuelven a insistir hasta que aciertan. Si chocan Leandro Fernández y Gigliotti contra los defensores rivales traban y muerden como el más aguerrido de los defensores. Y si encuentra algunos caminos cerrados, busca y busca hasta encontrar el resquicio por donde entrar.
La primera lección que debió superar el Rojo frente al Millonarios de Miguel Ángel Russo (el técnico argentino quiso aprovechar su estadía en Buenos Aires, donde realiza el tratamiento de su dura enfermedad, acercándose al estadio, pero los médicos le recomendaron mantener reposo domiciliario), fue la de darse cuenta que debía ser fiel a sí mismo.
Durante muchos minutos, el Rojo intentó manejar el partido desde el control sereno y la sucesión de pases cortos, ser paciente, pero los colombianos fueron un adversario ordenado. Y se las ingenió un buen rato para anularlo y preocuparlo.
Fuente: Diario La Nación
