La expectativa tan grande derivó en lo que muchos temían. Todo se desbordó. Ni siquiera el promocionado operativo de seguridad para la Superfinal pudo evitar que se produjeran graves incidentes, dentro y fuera del estadio Monumental.
Y todo fue una incógnita. Una muestra cabal de lo peor del fútbol argentino: violencia, aprietes, tironeos, disputas de poder, desprolijidades, peleas…
La Superfinal de la Copa Libertadores entre River y Boca que debía jugarse a las 17 fue postergada dos veces. Pero a pesar de todo se jugará. Pan y circo.
