El 2-0 sirve para desahogarse. Para darle confianza a jugadores que no la tenían como Enrique Bologna, que entró aun arco muy cuestionado tras la expulsión de Germán Lux. O el colombiano Rafael Santos Borré, que entró en el segundo tiempo, y se sacó la mufa al abrir la cuenta y destrabar un partido que se complicaba.

Es un triunfo para volver a empezar. Para dejar atrás los seis partidos sin alegrías en la Superliga. Para no quedar más lejos de Boca. Y enderezar la marcha pensando en la final de la Copa Argentina contra Atlético Tucumán.

El equipo de Gallardo tomó las riendas del juego desde el inicio ante un rival incómodo: Unión se replegó y apostaba a lastimar de contra, por las bandas, en especial con Fragapane o Gamba a la espalda de Saracchi.

El problema para River es que no lograba cambiar de ritmo ni generar sorpresa en los metros finales. Monopolizaba la pelota pero sin riesgo para Nereo Fernández.

La diferencia estuvo en la efectividad. Y para colmo Patricio Loustau cobró una inexistente infracción de Yeimar Gómez Andrade a Borré, cuando el colombiano entraba al área y definía pifiado.

A Pity Martínez no le importó y puso el 2-0 que liquidó el trámite.

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