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La montaña más alta de América, de nombre Aconcagua, la cual está ubicada en el departamento de Las Heras, en la provincia de Mendoza, integra la Cordillera de Los Andes, alcanzando los 6.962 metros sobre el nivel del mar.

Fue el 26 de enero, luego de varios años de postergación y replantear el sueño que tenían aquellos cuatro amigos, en que decidieron ir rumbo hacia la provincia vecina y escalar el pico más alto que integra el cordón montañoso.
[{adj:155572} La foto que consiguieron los cuatro amigos para inmortalizar su logro.]

Con temperaturas de -20°C, Luciano Grosso, Hugo Vila, Sergio Lehoczky y José Luis Delgado cumplieron la misión el 6 de febrero, 14 días después del inicio de la aventura. El día en que llegaron a la cima, partieron del campamento Nido de Cóndores (5.350 s. n. m.) alrededor de las 2 de la madrugada y lograron el objetivo cerca del mediodía.

En diálogo con un medio de San Luis, Grosso explicó la importancia del cuidado del físico ante situaciones que demandan de un gran entrenamiento, como es subir el Aconcagua. “Nosotros veníamos entrenando desde hace muchos años físicamente para otros deportes, pero lo difícil de todo esto es la aclimatación a la altura”.

Los descansos en los campamentos ubicados a diferentes alturas en la montaña son los que les permitieron recomponer energías, además de que los metros que subían por día eran limitados.
Nada fue de impedimento para que lograran su objetivo, y es que Luciano Grosso se había sometido a una operación de columna provocada por una hernia, con lo cual poder lograr subir el Aconcagua fue más que emocionante.

“Llorábamos todos los días porque sufríamos temperaturas muy bajas y vientos muy fuertes en una carpa en la que no tenés baño, no tenés cómo lavarte la cara y con la poca ropa que llevas te vas cambiando”, contó.
Con la comida, si bien la hiporexia, que es conocida como la pérdida de apetito producto de la altura, les jugaba una mala pasada, Sergio se encargó de hacer comidas como polenta, fideos y arroz, todo previamente pesado y racionado para cocinar lo justo en una garrafita y consumir día por día.

Enfrentar desafíos como las temperaturas extremadamente bajas, los fuertes vientos cordilleranos, el mal de altura y problemas que pudieran llegar a surgir fue gracias al apoyo mutuo; pudieron lograr aquella hazaña.
Cuando llegaron al destino donde estuvieron más de una hora, hacía menos de -20°C, pero les jugó a favor que no había viento. Allí tuvieron tiempo de tomar fotos y videos, y guardar para siempre el recuerdo del paisaje que tanto anhelaron observar.

El pasado domingo arribaron a las 3 de la mañana a Villa Mercedes, donde fueron recibidos por sus familiares, quienes estuvieron al tanto de cada paso, alentando a la distancia y se podían comunicar cada vez que los montañistas lograban conseguir señal.
“Todo queda en la memoria, en las anécdotas y en la piel, porque ya tengo turno para ir a tatuarme el Aconcagua”, concluyó Grosso.
Fuente: Relaciones de Radio Popular.
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