Las maestras sin título en la Capital y su contorno
Si nos propusiéramos señalar algunos rasgos que con más fuerza
caracterizan a la mujer puntana, tendríamos que mencionar -junto a sus
virtudes domésticas, su perseverancia, su hospitalidad, su práctica de amor al
prójimo, su capacidad de sufrimiento y entrega- una avasalladora vocación
docente.
Cuando no había aún escuelas públicas en la provincia las madres
con más instrucción enseñaron algunos rudimentos del saber a sus hijos y a los
hijos de otras madres.
Muchas fueron las mujeres que en distintos puntos del
territorio puntano realizaron ese noble magisterio doméstico.
En la ciudad de San Luis, junto a doña Paula Domínguez de Bazán,
notable educadora sin título docente, actuaron varias socias de la Sociedad de
Beneficencia que también se caracterizaron por sus afanes educativos, cuánto
más desde que el Gobierno encomendó a la flamante institución, en 1858, la
vigilancia de las escuelas de niñas.
En el capítulo pertinente hemos nombrado a Nicolasa Domínguez de
Gómez, a Carmen Ortiz de Ortiz, a Tomasa Lucio Lucero de Jofré, a Rufina
Poblet de Bussi, a Josefa Lucero; destacamos también a dos de las siete
ejemplares hermanas Lucio Lucero: Rosario, casada con el Coronel Juan
Saá y Enriqueta, la esposa del sabio alemán Germán A. Lallemant, directora
de la Escuela Graduada Elemental, Superior y Normal de Niñas, base singular
de la futura Escuela Normal de Maestras.
También en la ciudad de San Luis, entre las educadoras de aquel tiempo
y de algunos lustros posteriores, hay que dar los nombres de Demetria
Olivera, venida de San Juan, Feliciana Jofré de Adaro, Filomena S. de
Calderón, Doralisa Gómez de Meissner, llena de inquietudes por el bien
público, Carmen Castro, Francisquita Lucero, que fuera alumna destacada
del Liceo Artístico, según noticia de don Víctor Saá.
En los vecindarios próximos a la ciudad se contó también con la siembra
de beneméritas maestras sin título. Voy a referirme a la señora Serafina Sosa
de Garro, y en ella deseo rendir homenaje a sus pares.
Era oriunda de El Durazno, donde su padre, don Félix Sosa, poseyó
extensas tierras. Estudió en la ciudad lo que pudieron enseñarle Francisquita
Lucero y alguna otra maestra sin título. Con ese bagaje abrió escuela en su
casona serrana, y puso luz en la mente de muchos niños y adolescentes
analfabetos. No era sólo transmisión de conocimientos lo que realizaba doña
Serafina; era una función más enriquecedora puesto que se preocupaba mucho
por la formación moral y religiosa y en ejercitar a sus alumnos en algunos
trabajos manuales.
El Consejo de Educación reconoció la obra de la señora de Garro y
acogió su escuelita, que pasó a figurar como escuela fiscal.
Serafina Sosa se casó con don Zoilo Garro y fue madre de 11 hijos. De
sus hijas fueron maestras normales Lola G. de García, Celia G. de Müller, Dora
G. de Etchegoyen, Herminia G. de Sosa Reboyras y Estela Garro, todas de
reconocida trayectoria docente.
La época de las primeras maestras normales
Sea la evocación que hacemos en este capítulo un homenaje a la
Escuela Normal de Maestras “Paula Domínguez de Bazán”, ya centenaria cuna
de maestras normales argentinas.
La expectativa en torno a la creación de la Escuela Normal de maestras
se pronunció más aún desde que en 1879 se recibieron los primeros maestros
normales en la Escuela Normal anexa al Colegio Nacional. Bueno es también
recordar que la década del 80 de la pasada centuria fue singularmente
significativa en el desenvolvimiento cultural de San Luis, especialmente por el
empuje que le dio la creación del Liceo Artístico, en el año 1880.
En ese ambiente de esperanzado actuar por la vigencia de expresiones espirituales,
abrió sus puertas en marzo de 1884 la Escuela Normal de Maestras. Era
presidente de la República el General Julio A. Roca, Ministro de Instrucción
Pública el Dr. Eduardo Wilde, y Gobernador de San Luis el Coronel Zoilo
Concha. Al gobernante puntano le afligía la situación de no poder dar escuela
más que a un número limitado de niños, por falta de maestros; por eso celebró
con regocijo la creación de la Escuela Normal que nos ocupa. Llegó a San Luis
con el nombramiento de directora una maestra sarmientina, Adela Horney;
once educadores conformaron el cuerpo docente.
A fin de dar expansión a los grandes beneficios formativos de la escuela
normal para las jóvenes puntanas, el Gobernador Concha acordó 16 becas,
dos por cada departamento, medida muy plausible. En 1887, con los tres años
reglamentarios entonces para los cursos normales, egresaron las cinco
primeras maestras. En 1984, al cumplir cien años la Escuela suman más de
tres mil doscientas las normalistas egresadas, que llenaron las necesidades de
la Provincia y no tardaron en dispersarse por todo el país.
Debemos recordar que el hermoso edificio de la Escuela Normal, desde
1923 denominada “Paula Domínguez de Bazán “, fue mandado construir por el
Gobernador Zoilo Concha mediante el esfuerzo mancomunado del fisco y del
pueblo. Cuando estuvo concluido fue entregado a las autoridades nacionales.
Las primeras maestras normales
¡Qué madurez habría alcanzado la opción al magisterio en las cinco
alumnas que pasaban el último curso de la naciente Escuela Normal de
¡Maestras de San Luis! Terminaron sus estudios a fines de 1887. He aquí sus
nombres: Fidelina Ojeda, Bruna Páez (de Díaz), Luisa Benaval, Adela
Quiroga (de Lahiton), Carlina Vega. Todas fueron muy dignas servidoras en
una empresa fundamental para la sociedad humana. La segunda promoción, la
de 1888, comprende nueve nombres inolvidables: Dolores Panelo, la famosa
Lolita, de quien más adelante hablaremos; Celia Concha de Jofré, que fue la
esposa del Dr. Nicolás Jofré, considerada una de las primeras intelectuales
puntanas; María Barreneche (de Sosa), notable en su desempeño como
regente de la Escuela Normal de Maestras; Sofía Loyola (de Sosa), oriunda
de Luján de San Luis; y también las virtuosas maestras Isabel Miranda,
Victoria Quiroga, Lucinda Sosa, Adelaida Gigena y Verónica Carrizo.
Sólo cuatro son las egresadas de la tercera promoción.
Todas se distinguieron. Ellas son: Felipa Puertas, eximia educadora y mujer de infinita
bondad que fue maestra de grado en la escuela donde se formó; Rosalinda
Lucero, Mercedes Barbeito, digna esposa del hombre público Dr. Víctor C.
Guiñazú, y Eudalda Panelo, de fecunda docencia.
En 1890 egresaron trece maestras; la mayoría cumplió una notable
trayectoria escolar en la ciudad y en pueblos del interior. Josefa Puebla, fue la
primera directora de la escuela Profesional de mujeres, creada en 1909, por
inspiración del gran educador Dalmiro S. Adaro, entonces presidente del
Consejo de Educación de la Provincia. Rosenda Quiroga y Demofila Concha
(de Pérez) nacidas en San Francisco del Monte de Oro, de quienes
hablaremos después; Justina Leyes directora de la escuela graduada de niñas
de Quines, que se elevó a la categoría de graduada; Enriqueta Sarmiento
después señora de Amodey, muy recordada en su pueblo natal, San Martín.
Pertenecen también a esta promoción Edelmira Aguirre, Demofila Carrizo,
Laurentina Varela (de Aguilera), Alcira Velásquez, María Moreno (de
Videla), Clarisa Sarmiento, Doralisa Aguilera y Eleonora Barreneche.
De las promociones finiseculares
En nuestra empresa de rescate deseamos traer a la memoria los
nombres de algunas maestras de esas promociones que sirvieron con
dedicación en la Escuela Normal que les dio el título, la mayoría como
profesoras del curso normal: Haydée Ibern de Parellada, profesora de
castellano; Delia Herrera de Sosa, profesora de matemáticas; Rita
Domínguez, maestra de grado, Rosario M. Simón, vicedirectora; Ernestina
Parellada, profesora de matemáticas; Carmen Laborda de Levingston,
profesora y luego directora de la Escuela, etc. De las mismas promociones
fueron notables educadoras que ejercieron en la Escuela Normal de Maestros
como maestras de grado: Rosa Hamann, Sara Pérez de Atencio, Primitiva
Laborda de Arancibia, Rosa Pérez, y otras.
Es importante recordar que para las primeras maestras el reglamento era muy duro con las maestras, que por esta época cumplían una serie de funciones que excedían la tarea escolar propia. Lavaban los pisos, debían encender la estufa, y les estaba prohibido viajar en auto con hombres que no fueran un familiar.
DOCUMENTO HISTÓRICO
Contrato de Maestras en 1923
Este es un acuerdo entre la señorita…………………………………………………….maestra, y el Consejo de Educación de la Escuela………………………………..por la cual la señorita ……………………………….acuerda impartir clases durante un período de ocho meses a partir del……………………… de septiembre de 1923. El Consejo de Educación acuerda pagar a la señorita……………………………………………… la cantidad de (*75) mensuales.
La señorita…………………………………………………………..acuerda:
1.- No casarse. Este contrato queda automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.
2.- No andar en compañía de hombres.
3.- Estar en su casa entre las 8:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana a menos que sea para atender función escolar.
4.- No pasearse por heladerías del centro de la ciudad.
5.- No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de Delegados.
6.- No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
7.- No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encuentra a la maestra bebiendo cerveza, vino y whisky.
8.- No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.
9.- No vestir ropas de colores brillantes.
10.- No teñirse el pelo.
11.- Usar al menos 2 enaguas.
12.- No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.
13.- Mantener limpia el aula:
Encender el fuego a las 7:00, de modo que la habitación esté caliente a las 8:00 cuando lleguen los niños.
Limpiar la pizarra al menos una vez al día.
Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente.
Barrer el suelo al menos una vez al día.
14.- No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.
Fuente – http://www.bpd.sanluis.gov.ar:8383/greenstone3/library/collection/literatu/document/HASHace913229ae15f51d282c0
