El tribunal, integrado por José Luis Flores, Jorge Sabaini Zapata y Silvia Aizpeolea, fallaron de forma unánime para condenarlo por: “Abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo, en concurso ideal con corrupción de menores, agravada por el vínculo”.
Tuvieron en cuenta la falta de antecedentes y el haber admitido su responsabilidad en los ataques, pero como agravantes, el daño causado a todo el grupo familiar.
El miércoles se mostró un video de la declaración de la víctima y de su hermano menor en la Cámara Gesell. Allí, la chica que en el 2017 tenía 14 años, poco después de la denuncia, fue clara y precisa, y contó con detalle dónde, cuándo y en qué circunstancia fueron los ultrajes.
El hermano de la víctima, que hoy tiene 12 años, aseguró no haber visto nada raro, pero si notó que su abuelo tenía un trato particular con su hermana, porque le regalaba obsequios y tenía atenciones diferentes. Además, contó detalladamente que sucedió el sábado 27 de 2017, cuando los ultrajes fueron revelados y el abuelo, detenido.
Luego el abuelo dijo expresamente “lo hice, me hago cargo; me quiero morir”: dio detalles de cómo, cuándo y dónde sucedió todo. “Es cierto. Estoy arrepentido. Gracias a Dios que pasó que mi hija descubrió mensajes en el teléfono”.
La defensora pidió a los jueces que tomaran en cuenta su confesión como un atenuante. Porque demostraba arrepentimiento y, por lo tanto, menos peligrosidad, y aseguró que ese gesto de mostrar arrepentimiento: “ayuda a la reparación, tanto de la víctima como de todo el entorno familiar, para reconstruir su psiquismo”.
La autoría de los abusos por parte del acusado está totalmente demostrada. Además, fueron de manera reiterada durante aproximadamente un año –entre mayo de 2016 y mayo de 2017–, pero los tocamientos empezaron años antes.
La representante del Ministerio Público Fiscal, Monte Riso explicó que los hechos sucedieron en los dos domicilios que tuvo la víctima (inicialmente en un departamento de la calle Santa Fe, y luego, en una casa del barrio Serranías Puntanas), a través de la entrega de regalos y de dinero a su nieta, el abuelo buscó facilitar las situaciones y mantenerlos en secreto.
La madre de la víctima recordó que su padre tenía un trato especial con su hija y fue lo que la hizo sospechar y luego preguntarle a su hija qué sucedía. En mayo de 2017, la adolescente le contó lo que había pasado en aquellas ocasiones en las que el abuelo iba a la casa y aprovechaba a quedarse a dormir ya que su hija, la denunciante, se ausentaba de por su trabajo.
Por su parte, la defensora de Niñez y Adolescencia también citó jurisprudencia y pidió una sanción condenatoria. Si bien lo sufrido por la víctima no puede deshacerse, aplicar una condena “impacta en la reconstrucción psíquica”, expresó.
Si vos o alguien que conocés vive alguna situación de violencia, llamá gratis al 144 o buscá algún centro de atención cercano. En San Luis poder llamar a la Secretaría de la Mujer al 0266 445 2000 int. (3640).
Fuente y Redacción: Katerinne Córdoba.-
