Padeció la paranoia. Se abrazó del inodoro para vomitar los litros de vodka que consumía todos los viernes con sus amigos cuando apenas era un adolescente. Subió al sol, se sintió en otra galaxia, se imaginaba con los poderes de Superman y de todos modos se estampó contra el piso. Estuvo encerrado en una habitación oscura con botellas de whisky, con paquetes de cigarrillos guardados en el ropero y mucha cocaína. Se miraba a un espejo, pero no se reconocía. Mirando al techo le pidió a Dios, cuando ya no podía respirar, que lo sacara de ahí. Sabía que debía pedirle ayuda a su familia, pero terminaba llamando al dealer para que le vendiera más sustancia blanca. Tuvo que tocar el fondo, llegar al subsuelo de su mundo. Lloró a cuatro amigos en el cementerio que se fueron por culpa de las drogas. Estuvo cerca de morir. Pero el destino tenía otros planes para él. Primero que nada, estaba destinado a ser padre. Gastón Pauls no solo es uno de los actores argentinos más famosos de los últimos 30 años: es un adicto en recuperación. Así es como hoy, con 53 años, se presenta.


“Consumí drogas de todos los colores. No quiero que más gente pase lo que yo padecí”. Dos conceptos que sintetizan por qué el actor de Montaña Rusa y de Nueve Reinas (que son dos de las producciones más exitosas de su carrera) viaja por el interior del país para que conozcan la persona que todos identificaron alguna vez como personaje de ficción. En una charla que ofreció en el estadio Arenas de La Pedrera, en Villa Mercedes, describió cómo fueron sus años más oscuros. Cuál fue la realidad, su vida real. Cuando fumaba marihuana y se “metía muerte por la nariz”.
Su disertación fue en la apertura de la Expo Seguridad 2025 que organiza el Gobierno de San Luis, a través del ministerio de Seguridad. Por eso estuvo en la apertura oficial la titular de esa cartera, Nancy Sosa; el intendente, Maximiliano Frontera. Estaban además los ministros de Educación, Guillermo Araujo; y de Salud, Teresa Nigra. Además, el juez Federal Juan Carlos Nacul; y el jefe de la Policía, Pablo Vieytes.

El gobernador Claudio Poggi no estuvo presente por sus actividades oficiales en San Luis, pero pasaron un mensaje que envió especialmente por el evento: “Quiero transmitir mi especial saludo a todos los jóvenes presentes que escucharán a Gastón, quien no tengo dudas nos ayudará a concientizar y a conocer más de la temática. Está claro que esta lucha contra el consumo de sustancias la tenemos que dar todos juntos y la prevención cumple un rol muy importante”.
En la misma línea, Sosa dijo que el eje transversal de la Expo es el cuidado de las personas. Agradeció la presencia el apoyo del primer mandatario, de las autoridades que participaron y especialmente a los alumnos de diferentes escuelas que dijeron presente.
Frontera le dio la bienvenida a Pauls: “Te admiramos como artista y ejemplo de vida. Gracias por compartir tu experiencia, por estar en la ciudad de la Calle Angosta. En San Luis, como lo dice el gobernador, no escondemos los problemas debajo de la alfombra y estamos ocupándonos, estamos juntos trabajando para el futuro de nuestros jóvenes”, dijo.
Cuando Gastón tenía 14 años sufría de bullying, y era tímido. Recuerda que por entonces sus padres, que eran buenos padres, buena gente, “se peleaban mucho” y no se animaba a decirles nada: “Me guardaba lo que sentía”. Creyó que pasó la prueba cuando el grupo de chicos que se le burlaba, y otras veces le pegaba, lo invitó a una casa donde probó el alcohol por primera vez. Se juntaban a tomar, y ese comportamiento se hizo normal. “Si los genios toman, yo también tengo que tomar”, pensaba. Después agarró el tabaco porque “fumar y tomar alcohol te hacía más canchero”. Casi sin darse cuenta, esos dos vicios le abrieron la puerta a la marihuana: llegó a fumar 5 porros por día. A los 17 años conoció “la merca” en un boliche. “Primero me la regaló, me dijo que me haría sentir Superman”, recordó sobre el dealer que se la presentó. Esa misma noche le pidió más, pero ahora ya tenía un costo. Empezó a comprarla para volar cada vez más alto. Y su vida se oscureció. Reconoció todo lo que hizo Agustina Cherri, su pareja y la madre de los dos hijos que tiene ahora, para que su vida no se apagara. Lo amaba, y él la amaba. Cuando cayó en el pozo más profundo del consumo, ella le dijo basta, se fue. Él prometía, como otras mil veces, que sería la última vez. Pero mentía, solo buscaba calmarla, o que se fuera para seguir drogándose. Entró en paranoia, creía que lo perseguían, que lo iban a matar. Se encerró por cinco días en la habitación, sin luz, con una linterna.
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Era Navidad, y apagó el celular. Como le salía sangre por la nariz, a la cocaína comenzó a comérsela, es decir, se la ingresaba por la boca. Se quedó dormido y cuando despertó no sabía si era de día o de noche. Pensó que estaba muerto. No veía nada. Todo lo recuerda como si fuera ayer. Lo que vino después, desde el 29 de diciembre de 2007, fue el inicio de un trayecto que lleva casi 18 años. Fue el renacer. Fue vida. Pudo, salió de ahí, y sigue participando de los grupos de ayuda (para adictos) porque no quiere recaer. El 14 de marzo de 2009 nació Muna, y el 29 de diciembre de 2011, su hijo menor, Nilo. Una fecha que lo representa todo. “No era una fecha preparada para la tragedia, para que yo me muera. Había un plan de Dios, una fecha preparada para el festejo, la celebración y casi la cago metiéndome muerte por la nariz. Seguí en pareja con Agustina, que me ayudó, y tuve a mis hijos. El plan tiene que ver con la vida, con encontrarnos, con un poder superior. La cagada es que cada vez hay más droga, que cada vez invitan a apostar”, resumió.
En el estadio Arenas habló por una hora. Y después otra media hora se la dedicó a un ida y vuelta con los presentes. Había docentes y alumnos. Su relato fue una película contada. Dura. Cruda. Triste. Reveladora. Superadora. Con sus ojos del color del cielo, regaló sonrisas, fue dulce, empático y se sacó fotos, todas las que le pidieron.

Revivió el día que llegó a su casa del boliche, después de probar la cocaína. “Eran las 8:30, mi mamá se estaba levantado, y yo la esquivé. Pasé 12 horas sin poder dormir, tampoco tenía hambre ¿Por qué no me lo dijo eso el tipo? Y como el efecto se va rápido, la idea era tener siempre cocaína en el bolsillo para seguir subiendo. Y así pasaron los días, los meses y los años. A los 22 empecé a trabajar de actor, me hice famoso, me iba bien, y sentía que el secreto del éxito era la cocaína”, sostuvo.
En 8 años, la droga mató a cuatro de sus amigos. Pero él no quería ver el daño. No aceptaba. Cuando por fin fue al lugar donde pudo liberarse de ese calvario entendió que estaba enfermo: el día que le dieron la bienvenida y lloró como un bebé.
“Todos los que se metieron en la cocaína, o en la pasta base, paco, marihuana, o en los juegos, les van a decir que no lo hagan. No conozco a ninguna familia que tenga hijos adictos y sea feliz. Yo sigo yendo, todos los días trabajo para sentirme bien, para decir no”, transmitió.
“Acá hay tres ministerios, seguridad, salud y educación, y agradezco porque se están ocupando. Si empezamos a hablar en los colegios, seguramente habrá chicos preparados para tomar decisiones. Menos accidentes, menos problemas de salud, y asesinatos o muertes. La última campaña de prevención fuerte en la Argentina se hizo en 1997”, preparó para el cierre, pero antes de contestar las preguntas del público insistió: “Tenemos cosas por hacer, porque se están muriendo chicos, tenemos que contagiar salud y no enfermedad”.
Fuente: El Chorrillero
Escucha Radio Popular San Luis en vivo: https://radiopopularsanluis.com.ar/radio

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