La inhalación del polvo de carbonato de sodio incluso puede causar un edema pulmonar, o la acumulación de líquido en los pulmones. La inhalación repetida de carbonato de sodio o la exposición prolongada puede conducir a la erosión de los dientes, congestión nasal, hemorragia nasal, daños en el tabique nasal, bronquitis y dolor constante en el pecho.
En los casos de inhalación se debe retirar a las personas afectadas del sitio de inhalación para respirar aire puro y solicitar ayuda médica de inmediato.
El contacto del carbonato de sodio con la piel puede causar irritación, ampollas y quemaduras, especialmente si la piel está húmeda. Para evitar daños en la piel, lava la piel con agua y jabón durante al menos 15 minutos.
El carbonato de sodio puede causar lesiones oculares graves. El contacto con los ojos puede resultar en edema de la conjuntiva, o inflamación, y también puede destruir la córnea. Se deben usar lentes de protección o gafas de seguridad química cuando trabajes con carbonato de sodio. Si el carbonato de sodio se mete en los ojos, inmediatamente se debe lavar con abundante agua durante al menos 15 minutos, posterior a lo cual se debe acudir al médico. La persona afectada no debe mantener los ojos cerrados, ya que esto aumenta el riesgo de daños graves.
En caso de ingestión, el carbonato de sodio no es especialmente tóxico, pero sus efectos corrosivos pueden ser peligrosos para el sistema gastrointestinal. Los efectos pueden incluir ronquera, inflamación de la garganta, dificultad para tragar, babeo, diarrea, vómitos y dolor intenso en la boca, garganta, pecho y abdomen.
La ingestión de carbonato de sodio puede conducir a una reacción de shock que conlleva una caída rápida de la presión arterial que amenazan la vida. La ingestión de carbonato de sodio puede tener efectos a largo plazo e incluso puede ser mortal si se consume en una cantidad lo suficientemente grande, aunque estos casos son muy raros.
Si el químico fue ingerido, se le debe suministrar inmediatamente a la persona un vaso de leche o agua, a menos que el médico haya dado otras instrucciones. No se recomienda suministrar líquidos si el paciente presenta síntomas que dificultan la deglución tales como vómitos, convulsiones o disminución de la lucidez mental. El tratamiento médico profesional incluye el suministro de líquidos y oxígeno.

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