Curiosa resulta ser las historias que les tocó vivir a Guillermo Botto, un conocido abogado del medio, que en dos ocasiones le tocó encontrar restos humanos en el río Quinto, mientras disfrutaba de momentos de esparcimiento con su familia.
La última vez fue el 5 de noviembre, aunque la denuncia la radicó este miércoles y directamente en sede judicial: “Esperé porque quería estar seguro de que efectivamente eran huesos humanos, por lo que recurrí al médico David Marraco quien, tras observar la morfología de los restos, determinó que pertenecían al esqueleto de una persona”.
El hallazgo ocurrió cuando, durante un picnic con su esposa (María Eugenia Etcheun, la titular de Transporte de la Municipalidad) y sus hijos, salió a caminar un tramo del río Quinto “y sobre el lecho di con un hueso que me llamó la atención, por lo que lo tomé y decidí consultar a un experto”.
El macabro hallazgo resultó ser un cúbito humano, novedad con la cual Botto consultó con el fiscal Maximiliano Bazla, quien lo instó a radicar la denuncia, lo que hizo efectivo este miércoles en la Fiscalía N°3, a cargo de la doctora Verónica Alonso Ernst, donde se prosiguen las actuaciones pertinentes.
Pero lo curioso es que la casualidad, o causalidad, es que ocho años atrás, durante otro paseo por el río Quinto, Guillermo Botto se había topado con otro hallazgo similar: “En esa ocasión fue un húmero, que estaba sobre un banco de arena. También lo hice examinar y, cuando se determinó que correspondía a una persona, hice la denuncia correspondiente; en esa ocasión fue en el juzgado del Crimen a cargo del Dr. Alfredo Cuello, donde permanecen las actuaciones”.
“Cómo abogado, lo que espero es que la Justicia actúe e investigue, que es lo que corresponde”, precisó Botto, agregando: “Pero esto va más alá para tratarse de una cuestión meramente humana; si se trata de alguien que desapareció y su familia aún ignora qué fue de esa persona, lo justo es esclarecer ara que esa gente termine con esa incertidumbre horrible de no saber qué pasó y poder hacer el duelo”.
En ese sentido, los memoriosos recuerdan la desaparición de Ricardo Godoy, a mediados de los ’80; un joven de unos 20 años que, según la teoría oficial, habría sido arrastrado por una repentina crece del río Quinto, sin que jamás fuera hallado su cuerpo. Lo triste de esta historia es que la madre de ese muchacho falleció creyendo que su hijo volvería algún día, suposición que la llevó a convertirse en víctima de numerosos inescrupulosos que, fingiendo ser videntes o telépatas, la estafaron en reiteradas ocasiones.
Los descubrimientos de Botto ocurrieron en la zona del camping Playas del Río, al oeste de Villa Mercedes, mientras que por la época de su primer hallazgo se encontró una calavera en el predio de la Escuela Agraria, durante unas excavaciones vinculadas con ampliaciones del establecimiento. De ese cráneo tampoco se supo más nada. “Lo que ahora espero, es que al menos se investigue”, deseó Botto.
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