Pobreza estructural es un concepto emergente, en el que se combinan dos criterios para medirla, uno de ellos contempla la línea de pobreza e imputa la condición de pobre a la población que recibe ingresos insuficientes para sustentar el costo de un estándar mínimo de consumo y el otro es el enfoque de las necesidades básicas insatisfechas (NBI), que describe a la pobreza en relación a carencias inherentes a ella, como ser: vivienda, nutrición, acceso a la salud, educación, indicadores independientes a la del ingreso. La pobreza crónica o estructural se refiere a deficiencias de infraestructura y de ingresos.
En sentido genérico, cada niño que nace necesita, para tener un desarrollo psíquico-físico equilibrado, amor, buena alimentación, mucho cuidado, una constante estimulación y referentes “sanos” en quienes espejarse… Los primeros años de vida son fundamentales en tal sentido. Desde el hogar se comienza a “formar el hombre del mañana” y la educación formal impartida en las instituciones educativas y el resto de las instituciones culturales complementa tal acción.
Pensemos ahora un instante en la línea del tiempo que significa “una vida” de alguien que nace en un hogar carente de amor, de alimentación, de cuidados, de estimulación; alguien que además de necesidades básicas insatisfechas está expuesto a violencia familiar, a contagio de enfermedades –muchas de ellas erradicadas en el mundo entero pero que reverdecen simplemente por la falta de agua potable–, seguramente nos encontraremos con un “sujeto” deshumanizado, marginado, quien por su estructura psíquica y educación seguramente se convencerá de que jamás abandonará esa posición, que no tendrá ninguna posibilidad de revertirla. Entonces, muchos de ellos, jóvenes que a temprana edad sienten que ya no tienen futuro, son atrapados por el mundo de las drogas, el alcohol y la delincuencia.
Estoy convencido de que todo este derrumbe social, producto de la desidia, el facilismo, la “teoría del pobrecito” en el campo educativo, la pérdida de la cultura del esfuerzo, del trabajo y la responsabilidad, es el saldo de prácticamente cincuenta años de gobiernos que efectuaron promesas pero que al respecto muy poco o nada
A la pobreza se la combate desde el nacimiento del futuro ciudadano, con la recuperación de la primera célula de la sociedad que es la familia. Y desde el gobierno, implementando las gestiones necesarias para que todos dispongan de una mejor calidad de vida, que cuenten con los “servicios esenciales”, la salud, el trabajo –no subsidios que deshumanizan– y la educación; promoviendo verdadera justicia social para los que realmente la necesitan, la igualdad de oportunidades en términos reales y el cuidado del medio ambiente.
Así como la pobreza tiene una gran cantidad de aristas que la componen y muchas de ellas de características imprevisibles, la solución no es lineal. Se trata de una situación compleja que debe aunar una suma de decisiones. Basta de palabras y de promesas, demos paso a las acciones.
Queres saber más escucha Puntos de Vista con Daniel Falduti, 30 de abril de 2018.
