El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una de las principales causas de muerte y la primera causa de discapacidad en adultos a nivel mundial. En Argentina, se estima que se producen entre 120.000 y 140.000 casos por año, lo que representa un desafío crítico para el sistema de salud pública en este 2026.
¿Qué es un ACV y por qué se produce?
Un ACV ocurre cuando se interrumpe o reduce el suministro de sangre a una parte del cerebro. Esto priva al tejido cerebral de oxígeno y nutrientes, provocando que las neuronas mueran en cuestión de minutos. Existen dos tipos principales:
ACV Isquémico (80% de los casos): Se produce por la obstrucción de una arteria (generalmente por un coágulo o placa de grasa). Es similar a un “infarto” pero en el cerebro.
ACV Hemorrágico (20% de los casos): Ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y la sangre se derrama en el cerebro, comprimiendo el tejido sano. Suele estar vinculado a la hipertensión no controlada.
Factores de riesgo: ¿Por qué nos sucede?
Si bien existen factores no modificables (edad, genética), la mayoría de los ACV se pueden prevenir controlando los siguientes factores:
Hipertensión arterial: Es el principal responsable en Argentina.
Tabaquismo: Duplica el riesgo de sufrir un evento cerebrovascular.
Colesterol alto y Diabetes: Dañan las paredes arteriales.
Sedentarismo y Obesidad: Factores en aumento en la población urbana argentina.
Fibrilación auricular: Un tipo de arritmia cardíaca que facilita la formación de coágulos.
El panorama en Argentina: Casos y estadísticas
Según datos de la Sociedad Argentina de Neurología y el Ministerio de Salud, la situación en el país presenta desafíos estructurales:
Frecuencia: Se estima que ocurre un ACV cada 4 a 9 minutos en el territorio nacional.
Secuelas: Solo 1 de cada 4 pacientes que sufren un ACV logra recuperarse totalmente sin discapacidad.
El factor tiempo: El concepto de “Tiempo es Cerebro” es vital. Cada minuto de demora en la atención médica significa la pérdida de 1.9 millones de neuronas.
Cómo detectar un ACV: El test de las 3 señales
La rapidez en identificar los síntomas puede cambiar el destino de un paciente. En Argentina se difunde la regla del “Rostro-Brazo-Habla”:
Rostro: Pedir a la persona que sonría. ¿Se le cae un lado de la cara?
Brazo: Pedir que levante ambos brazos. ¿Uno de los dos cae o no puede levantarlo?
Habla: Pedir que diga una frase simple. ¿Arrastra las palabras o suena extraño?
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