Lo que inició el 29 de diciembre de 2025 como un reclamo comercial en el Gran Bazar de Teherán por la devaluación del rial y la inflación desmedida, se ha transformado en un levantamiento nacional que exige el fin del régimen teocrático. Esta transición ha desatado una represión militarizada que organismos como Amnistía Internacional califican como una “masacre sin precedentes”.
Existe una brecha abismal entre los datos oficiales y los relevamientos de fuentes independientes. Mientras el gobierno iraní, a través de la Fundación de Veteranos y Mártires, reconoce oficialmente 3.117 fallecidos (incluyendo civiles y fuerzas de seguridad), las estimaciones externas sugieren una tragedia de una escala mucho mayor:
Time Magazine: Estima que hasta 30.000 personas podrían haber muerto durante el pico de violencia registrado entre el 8 y el 9 de enero de 2026.
Iran International: Eleva las proyecciones situando el saldo de víctimas entre las 27.500 y las 36.500 personas.
ONG Iran Human Rights: Reporta un piso de 3.400 muertes confirmadas, pero advierte que el balance real podría alcanzar los 20.000 fallecidos.
Desde el 8 de enero de 2026, las autoridades impusieron un corte casi total de internet para ocultar la magnitud de los crímenes cometidos por la Guardia Revolucionaria y la milicia Basij.
Testimonios recogidos por organizaciones de derechos humanos describen escenas desgarradoras:
Uso de fuerza letal: Fuerzas de seguridad disparando munición real desde bases militares directamente contra manifestantes desarmados.
Ataques a centros médicos: Hospitales custodiados por agentes que detienen a heridos, forzando a las familias a pagar dinero para recuperar los cuerpos de sus hijos o guardar silencio.
Intimidación sistémica: Madres abrazando restos de sus hijos y familias trasladando cuerpos en bolsas para evitar su confiscación oficial.
Impacto global: La memoria frente al silencio
La repercusión de estos eventos ha llegado a Europa, donde la diáspora y activistas buscan visibilizar que los fallecidos no son simples estadísticas. Recientemente, en Tréveris, Alemania, se realizó un acto conmemorativo donde se exhibieron sacos con los nombres de las víctimas, una representación simbólica para denunciar la magnitud de la tragedia y exigir justicia internacional.
El Parlamento Europeo ya ha condenado la “brutal represión” y exige el cese inmediato de los asesinatos y las ejecuciones masivas que amenazan con borrar a una generación de disidentes.
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