Gabriel Guillar, presidente del Club de Montaña Inti Anti, y la docente mercedina Carina Tobares, iniciaron su ascenso durante la madrugada del domingo 15 de febrero con el objetivo de conquistar la cima del gigante mendocino. Sin embargo, alrededor de las 6:00, sus linternas revelaron la presencia de Tristán Escribano, un joven de 25 años que yacía inconsciente sobre la nieve tras haber pasado la noche a la intemperie.
Sin dudarlo, la pareja interrumpió su expedición para iniciar una maniobra de salvamento que se extendió por cinco agónicas horas bajo condiciones climáticas adversas.
El cuadro del joven rescatado era crítico, presentando alucinaciones, pérdida de motricidad y signos avanzados de congelamiento. Ante la emergencia, los sanluiseños activaron un protocolo de calor corporal y rehidratación antes de emprender un descenso coordinado hacia el campamento base.
Mientras Tobares cargó con el peso de tres mochilas, superando los 15 kilos de equipo, Guillar aseguró al joven a su propia cintura con una cuerda para sostenerlo durante la bajada. Simultáneamente, lograron alertar a las patrullas de guardaparques a través de un radioaficionado ubicado a 100 kilómetros de distancia, permitiendo que el operativo de evacuación sanitaria estuviera listo al llegar a la base.
Guillar, quien cuenta con 25 años de trayectoria en la disciplina, describió la situación como un momento donde las decisiones debieron tomarse con frialdad absoluta para garantizar la supervivencia del accidentado. Tras poner a salvo a Escribano, quien fue hospitalizado durante dos días en la ciudad de Mendoza, los montañistas reflexionaron sobre la importancia de la solidaridad en la altura, subrayando que la verdadera cumbre no es la cima geográfica, sino el regreso seguro al hogar.
El gesto de los puntanos fue reconocido por la familia del joven rescatado, quienes agradecieron la intervención oportuna en un sector de la montaña donde el oxígeno escaseaba y las temperaturas eran extremas.
Tras cumplir con su compromiso humano, Carina y Gabriel reiniciaron su travesía el lunes 16, logrando hacer cumbre en el Cerro El Plata a 5.968 metros sobre el nivel del mar después de diez horas de esfuerzo adicional.
Para los protagonistas, el éxito de la expedición quedó marcado por la convicción de que la grandeza en la montaña reside en no dejar a nadie atrás. Con el objetivo cumplido y la vida de un tercero a salvo, los andinistas regresaron a San Luis convertidos en referentes de los valores que rigen la actividad de montaña en la región.
Fuente: El Chorrillero.
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